Los soviéticos NO PUDIERON IR a la Luna. Punto. Su tecnología quedó rezagada para realizar esa hazaña. Su programa para alunizar una expedición tripulada fue a tientas, como a pedradas. El proyecto Apollo, precedido por el Gemini, es una joya de organización, de cómo paso a paso, etapa a etapa, se consigue algo tan difícil. Estados Unidos fue más eficaz en obtener el combustible ideal (oxígeno líquido) con que alimentar a su voraz cohete Saturno V, que consumía toneladas de LOX por segundo.
¿Y cómo no compagina pues la realidad de que los soviéticos se adelantaron a los norteamericanos en el Sputnik, la perra Laika y Gagarin? Tiene su explicación que, habilidosamente el mundo comunista ocultó:
Ni los rusos ni los americanos comenzaron de cero su carrera espacial en lo que a balística respecta. Ambos países basaron su primera camada de misiles sobre el blueprint de la cohetería alemana. Dicen que al terminar la Segunda Guerra mundial los norteamericanos pudieron apoderarse de los planos de la bomba volante V-2, más avanzada, mientras que los soviéticos sólo lograron los de la V-1, más primitiva y limitada.
Los norteamericanos, más allá de Von Braun, al igual que los soviéticos aunque desde distintas etapas, partieron de la anatomía de los misiles balísticos hitlerianos. Pero los primeros afanes de obtener cohetes eficaces, lo mismo de parte de la URSS que de los EEUU, no se basaban en fines pacíficos o cósmicos —eso vino después—, sino que se enmarcan en plena guerra fría con el propósito de obtener un misil portador de una ojiva nuclear. Y he aquí que los soviéticos son los pioneros de entrar en órbita el 4 de octubre de 1957. ¿Por qué?
Bien: A los soviéticos, rústicos y atrasados tecnológicamente como siempre —en 1957 su magra televisión se transmitía por AM, no por FM—, les sale una ojiva nuclear voluminosa y pesadísima... que requería de un cohete poderoso para elevarla. Ése fue el Vostok V... que les vino de perillas para más tarde poner en órbita su satélite y luego la cápsula suicida en que el 12 de abril de 1961 mandaron a Gagarin al espacio por 108 minutos.
Los norteamericanos tenían un ojiva más liviana que requería de cohetes más pequeños que luego no pudieron hacer el crossover para transportar y poner en órbita objetos más pesados, como un satélite, y mucho menos una nave orbital tripulada.
De modo que de ambos lados, le echan mano primero a vectores de origen militar —como por ejemplo, el cohete Redstone norteamericano— para dar los primeros pasos en la carrera espacial.
Pero de esto, en el mundo "oriental" geopolíticamente hablando, nunca se dijo nada.
Claro que pude ver, aunque considerablemente años más tarde, al hombre en la Luna in motion, cuando pude hacerme de una videocasetera en La Habana y conseguir clandestinamente un tape con lo que fue la aventura humana más grande del siglo XX y una de las más trascendentales de la historia (Cristóbal Colón... Neil Armstrong...).
Hoy, a 40 años de aquella epopeya, casi se me saltan las lágrimas todavía de desconsuelo, al recordar al niño que fui en 1969, que prefirió no ir a la playa para escuchar clandestinamente la narración emocionada de un locutor de la VOA del despegue del Saturno V, e imaginar —ya ni recuerdo cómo— la escena que él no me dejó ver. Y luego lo mismo cuando Neil Armstrong exclamó al poner su planta sobre la polvorienta superficie lunar, "un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad".
No te sientas mal, Collins. Te acompañaban en infortunio millones de cubanos y el niño aquél...
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